No somos una conservera cerrada al público; somos un pequeño taller situado en Santoña, la cuna de este manjar. Por eso, en la Calle Cervantes 2, hemos eliminado las barreras.
Aquí no verás procesos industriales ni máquinas automáticas. Lo que ves es lo que hay: manos que limpian, que soban y que preparan cada anchoa y cada boquerón una a una. Mientras te tomas un vino rico en nuestra barra, puedes ver a nuestro equipo trabajando en directo para que el producto sea, sencillamente, el mejor.